Con el paso del tiempo he descubierto que en este período perdí la brújula y se notó en mis gustos musicales. Fue entre la salida del colegio y los primeros años de educación superior. Debe ser como irse de la casa; se deja la protección de los conocidos de toda la vida y de un barrio delimitado, para salir al mundo y encontrar nuevos colegas. Sufrí la transición lleno de dudas y no sé cómo llegué a Periodismo y a una universidad de la que me avergüenzo. Ni por qué salté desde el Metal al Grunge, como tirándome al vacío.Pude haberme agarrado de Faith No More, con su explosión en el Festival de Viña de 1991, a punta de esa originalidad que prometía lo mejor. Pero mi hermano chico se embarcó con Mike Patton, mientras yo tomaba un camino tortuoso. Empezó una noche de insomnio, cuando vi en el programa Lee Night, que conducía Alfredo Lewin, un vídeo de Pearl Jam. Había mística, una energía rabiosa y su vocalista se lanzaba al público para que lo llevaran en andas de un lado a otro. Luego, de pura casualidad, me regalaron en mi cumpleaños el casete del álbum Ten. Me llegó tan fuerte, que andaba siempre con la cinta en mi estéreo personal, reproduciéndose durante el largo viaje a la universidad, en los recreos o en las clases de esos profesores patéticos que no merecían mi atención. Así fue por un par de años y se repitió con nuevas bandas que me atrapaban en esa atmósfera de frustraciones, desolación.
Cada día era una perpetua, sucia y ruidosa jornada en el gris centro de Santiago, cuando esta ciudad aún se dejaba bañar con el hollín que expelían las micros, esas que se desarmaban, las de antes que fuéramos “los jaguares” y antes que las pintaran amarillas. Cuando no había restricción vehicular y mis ojos eran una exhibición de conjuntivitis y las jaquecas me visitaban a menudo. No miento, hubo una época peor. Además, persistía el miedo a los “milicos”, que desplegaban simulacros de golpe ante cualquier sospecha de intento por hacer justicia.
Pearl Jam llevó la batuta y se me atravesó con sus propios trabajos, con el proyecto Temple Of The Dog y la banda sonora de Singles, película ambientada en Seattle. Alice In Chains le puso guitarras distorsionadas a la sensación de estar constantemente cavando la propia tumba y Counting Crows, con su intimista álbum August and Everything After, marcó el clímax de introspección, aislamiento y soledad en medio de cientos de personas que no me interesaba conocer. Mi ánimo era tan sombrío, que lo único que me mantuvo ligado a un pasado mejor fue el disco más oscuro de Metallica, And Justice For All.
La última canción, de Candlebox, va con dedicatoria a la chica que me sacó del aislamiento. Pero en esta vida ningún idilio es eterno y ella se terminó transformando en una pesadilla con sus intentos por cambiarlo todo, incluyendo mis gustos musicales. Ahora recuerdo con gracia cuando me hacía hervir de rabia porque apretaba el stop, sacaba mi casete del equipo y ponía un CD de Luis Miguel. ¡Yo también odiaba tu música y tu forma de vestir… FUCK YOU… IT’S FOR YOU!
1- Faith No More: Epic (THE REAL THING)
2- Faith No More: SURPRISE! You're Dead ("")
3- Pearl Jam: Even Flow (TEN)
4- Pearl Jam: Black ("")
5- Alice In Chains: Down In A Hole (DIRT)
6- Alice In Chains: Junkhead ("")
7- Counting Crows: Round Here (AUGUST AND EVERYTHING AFTER)
8- Counting Crows: Raining In Baltimore ("")
9- Stone Temple Pilots: Plush (CORE)
10- Stone Temple Pilots: Creep ("")
11- Temple Of The Dog: Hunger Strike (TEMPLE OF THE DOG)
12- Pearl Jam: State Of Love And Trust (SINGLES)
13- Pearl Jam: Rearviewmirror (V/S)
14- Metallica: One (AND JUSTICE FOR ALL)
15- Candlebox: You (CANDLEBOX)
*La carátula es un extracto del arte del CD August And Everything After.
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